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¿DE QUÉ VA LA CULTURA?

La cultura siempre ha adolecido de no ser comprendida desde su definición, y es que resulta una tarea compleja ya que tiene que ver con todas las facetas del ser humano.

El sustantivo “cultura” es ampliamente usado en el léxico nacional, sin embargo, es y ha sido el eterno ausente en la agenda nacional referente al desarrollo. En lo personal siempre digo que para cualquier área del conocimiento es primordial revisar el marco conceptual, ya que el discurso (verbal o escrito) es la concreción de nuestro pensamiento y aquí pueden cometerse varios errores involuntarios que afectan la dinámica comunicativa. Un ejemplo sería la palabra “ocre”, seguramente en su imaginario se le viene una tonalidad parecida al color del vino, un rojo pardusco y un tanto apagado.

Si usted no está dentro del área del diseño, la pintura o conexos que estudian el color, se encontrará con una enorme sorpresa al decirle que el color antes mencionado es más parecido al color de la mostaza, amarillo o dorado.

Entonces si padecemos de daltonismo conceptual sobre el ocre ¿cómo vamos a entendernos en pintura, diseño, etc? Si eso nos pasa con un color ¿qué nos puede pasar en otras áreas del conocimiento?

La cultura siempre ha adolecido de no ser comprendida desde su definición, y es que resulta una tarea compleja ya que tiene que ver con todas las facetas del ser humano. Una definición que ha perdurado, muy a mi pesar, desde el Siglo XIX es la reducción de la cultura a las bellas artes (el teatro, la plástica, la danza, la escritura, etc.) que resultan pesadas, exclusivas y contenidas en espacios sociales y físicos como las grandes catedrales artísticas de los teatros o los museos. No es raro escuchar que la gente que va a conciertos de la sinfónica nacional es “culta” mientras que los que tiran la basura a la calle desde la ventana de un vehículo en movimiento es “inculta”. La verdad es que tanto el que va al concierto como el que tira la basura es culta ya que posee una cultura, que ésta sea buena o mala queda supeditada a nuestra escala de valoración.

Para efectos prácticos me quedaré con una definición de cultura que resultó de un ejercicio de autoreflexión. Cultura es un proceso de adaptación evolutivo que se da en un contexto único, es común a un grupo de individuos que lo aprende y viene acompañado de características biológicas, materiales, intelectuales y espirituales. Básicamente desde que nacemos en un grupo social estamos aprendiendo la cultura, aunque hay que matizar que ciertos fenómenos dentro de este proceso de adaptación no serán aceptados por mucho que se comparta el contexto, basta con adentrarse a los gustos musicales o la moda dentro de un grupo familiar.

Ahora que nos hemos quitado la definición de encima, nos encontramos con un pequeño problema: la cultura es algo grande, que está a nuestro alrededor en este momento y somos generadores, consumidores, educadores y educandos culturales. En los 21,000 Km2 en el que se circunscribe el territorio de El Salvador suceden una infinidad de fenómenos culturales ricos en contenido, que si los pudiésemos estudiar, podríamos llegar a develar muchos elementos epistemológicos que nos darían una panorámica identitaria más completa de quiénes somos y hacia dónde vamos. Idealmente el proceso no debería paternalizarse, es decir, dejarle a las instituciones (sociales o gubernamentales) todo el peso cultural de un territorio si no tomar un rol activo, consciente y responsable indiferente del lugar y condición donde afrontamos el día a día.

Espero que este escrito ayude y facilite al lector a adentrarse, enamorarse e inspirarse a conocer de la riqueza cultural de El Salvador, que es un crisol de historias, saberes, paradigmas y sabores que más allá de hacernos salvadoreños, nos hace ciudadanos del mundo.

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