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Mi nombre es Leiden Cáceres y esta soy yo, once años después…

 2007 es un año que marcó un cambio grande en mi vida.

 

Mi nombre es Leiden Cáceres, soy comunicadora y ex periodista, tengo 45 años y amo la vida. Suena a cliché a frase hecha, pero cada palabra es cierta.

2007 es un año que marcó un cambio grande en mi vida.

Mi madre, que es y será mi ejemplo siempre, murió dos años antes por metástasis de cáncer de seno luego de 11 años de luchar contra la enfermedad. Ella nunca se dio por vencida, su fe y fortaleza fueron admirables.  Mi abuela padeció de cáncer de útero y una de mis tías cáncer de mama. Es complicado un cuadro así, pero Dios tiene planes para cada uno, es una realidad.

En agosto del 2007, me sentí una bolita pequeña en el seno derecho, pero no le hice mucho caso al principio porque pensé que era hormonal o por la menstruación, sin embargo, no desapareció y al mes siguiente decidí visitar a la mastóloga.

 

Al principio parecía un pequeño bultito que aparentemente no  representaba peligro, NO HAY QUE CONFIARSE, debemos revisarnos constantemente y estar pendientes de cualquier cambio. Mi doctora me indicó que otros exámenes, uno de ellos una punción que terminó mostrando que yo tenía cáncer de mama.

Mi madre murió por cáncer, por lo que en el fondo estaba un poco consciente del riesgo, pero no es una condición que sea fácil de aceptar: ME IBAN A QUITAR LA MAMA y después quimioterapias.

Tenía 34 años, casada y con una niña de 7, mi carrera profesional estaba tomando más impulso, tenía muchas metas y se me vino abajo el mundo.  Lloré, pataleé me quejé, mil veces pregunté por qué, pero después no queda más que continuar y seguir adelante y dije como decía mi madre “esta mula es mi macho” y para adelante. Un seno no me va a hacer ni más ni menos mujer.

Yo le iba a dar la batalla al cáncer porque quería y quiero vivir. Por mi profesión, era un poco complicado por los efectos físicos, soy comunicadora y relacionista pública. Sin embargo, en la agencia de publicidad en la que trabajaba en ese entonces, me dieron todo el apoyo necesario y estoy muy agradecida por eso.

Bueno, llegó el momento y en noviembre “Al toro por los cuernos”, me quitaron la mama, lo hice, no quería pasar por lo que había pasado mi mamá que, por querer conservar sus senos, tuvo que luchar con cáncer en ganglios, huesos y finalmente de cerebro.

No es fácil pararse frente al espejo y verse con una sola mama, pero cuando es la opción para vivir hay que recordar que un pedazo de carne y grasa no define quién somos, y quien nos ama, lo va a ser así seamos una modelo de revista o estemos como estemos.   A las personas les digo no vean a un paciente con cáncer son lástima, es una enfermedad difícil, sí, pero no es una sentencia de muerte

La quimioterapia fue dolorosa, la primera fue la peor, pensé que no iba a amanecer al día siguiente, pero no fue así. Aquí estoy.

No voy a negar que es un trago muy amargo, pero con la ayuda de la familia, los seres que nos aman y fe en Dios, el trago es menos amargo. A veces cuesta aceptarlo y uno piensa tonterías, uno cree que no hay mañana, que no va a vivir, pero es una etapa. Una de las cosas más difíciles es lidiar con uno mismo y lo peor con algunas personas que no tienen conciencia de la enfermedad hablan y a veces de más. No se puede evitar. En una ocasión mi hija llegó llorando a preguntarme si yo me iba a morir, porque la hija de una vecina le había dicho que yo iba a morir como mi mamá. La gente tiene que aprender a tener conciencia que el cáncer es una enfermedad que se puede tratar y que no dejamos de ser personas. Por mi carácter, no me afecta, pero estoy consciente que a muchas otras personas sí.

La parte emocional y los cambios de humor son un sube y baja de emociones muchas nocivas, y cuesta, pero hay que luchar. Esa oportunidad no la tienen otras personas.

Es cierto que verse sin cabello, sin cejas, sin seno, con más o con menos peso, con dolores no es fácil. Pero es pasajero, cuesta entenderlo, pero es así. No hay que perder las ganas de luchar, tenemos por qué vivir. Mi cáncer es genético, según un estudio que me realizaron, pueda que me vuelva y pueda que no, pero no por eso voy a vivir con miedo. Se vale tener miedo, pero no vivir con él.  No voy a amargarme la vida por algo que ni siquiera sé que va a pasar, hay que vivir con alegría, aunque la vida a veces no nos sonría y con fe en Dios.

Pero la cosa no terminó allí, al año siguiente de terminar las quimios, para prevenir el cáncer uterino, me sometí a una cirugía para remover úteros y ovarios y la verdad es que lo importante es que seguimos luchando y lo que haya que quitarse, se quita.

Creo que es necesario que las personas tomen conciencia de la importancia de atenderse a tiempo, de cuidarse  y conocer su cuerpo. Es importante que, después del cáncer, la gente sepa que uno sigue siendo una persona con sentimientos, sueños, ideales, metas y debilidades, una persona normal. Por eso debe dárseles las mismas oportunidades que los demás, familiares, laborales, espirituales y tenemos los mismos derechos.

 

La vida es un regalo, debemos valorarlo.

Ahora, once años después veo lejano ese dolor, pero mi cicatriz en el pecho me recuerda que tengo otra oportunidad que, aunque a veces tenga temor porque me sucede, es normal.

Que, aunque he perdido grandes mujeres guerreras que se han adelantado en el camino, a mi madre y a familiares, así como amigas, han dejado un gran legado de fortaleza y eso motiva a seguir luchando.

 

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3 Commentarios

  1. Oye, solías escribir maravilloso, pero las últimas publicaciones han sido
    un carente aburridas … Extraño tus increíbles escritos.
    ¡Las últimas publicaciones están un corto exteriormente de lugar!

    ¡venga!

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