El vacil

Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso cumple 120 años

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Por: Luis Medina

Hace exactamente 120 años, llegaba al mundo un niño que
terminaría convirtiéndose en uno de los directores más
relevantes de la historia del cine: Alfred Hitchcock.
«El maestro del suspenso» nació en la ciudad británica Essex, el
13 de agosto de 1899, y a lo largo de 80 años de vida
construyó una carrera que le garantizó un lugar en el Olimpo del
séptimo arte.
Hitchcock no solo les regaló a los cinéfilos varias obras
inmortales «Psicosis», «Rebecca», «La ventana indiscreta» y
«Vértigo» fueron solo algunas de ellas, sino que además dejó
una profunda huella, que influyó sobre varias generaciones de
directores. Eso, quizás más que cualquier otra cosa, habla de lo
trascendente que fue su figura.
Uruguay no es ajeno al amor por el trabajo del británico. Un
claro ejemplo de ello es el inmenso mural que fue pintado en la
entrada de Cinemateca, donde fueron escogidos cuatro
«santos». Uno de ellos, por supuesto, fue Alfred Hitchcock (los
otros fueron Luis Buñuel, Federico Fellini y Lucrecia Martel).
No hay una sola persona que ignore la importancia que la figura
de Hitchcock tuvo en la historia del cine. Sin embargo, su
carrera dejó una curiosidad: nunca ganó la estatuilla más
importante de la industria por su trabajo como director.
Y oportunidades no le faltaron, ya que estuvo nominado por
cinco de sus creaciones («Rebecca», «Lifeboat», «Spellbound»,
«Rear window» y «Psycho»). Pero jamás ganó, metiéndose así

en el grupo de gigantes que nunca recibieron el Óscar, categoría
en la que también figura Stanley Kubrick.
A finales de los 60, en 1968, se corrigió un poco la injusticia al
otorgarle un Óscar honorífico por su carrera. Su discurso pasó
a la historia como uno de los más breves, probablemente por no
disfrutar demasiado de ese «premio consuelo». «Thank you…
Very much indeed», se limitó a decir Alfred.
Era inevitable que un personaje como Hitchcock generara una
montaña de datos curiosos. Uno de ellos era su afición a las
bromas: se dice que, durante el rodaje de «Psicosis», el grito
que Janet Leigh en la ducha en la escena en que Marion es
asesinada, realmente fue grabado cuando la actriz encontró un
esqueleto humano en su camerino. Claro, había sido Hitchcock
quien lo dejó allí.
Otro dato llamativo era la afición del británico por los
«cameos». En todas sus películas, hay algún momento en que
Hitchcock tiene una breve aparición en cámaras.
De hecho, los fanáticos de sus obras empezaron a distraerse
buscándolo, por lo que decidió agregarlo lo antes posible para
que el foco siguiera en la historia.

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