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El delito de lo antiestético …

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El delito de lo antiestético …

Sara Segura
Estudiante de Psicología

“Cómo te ven te tratan”, así versa un dicho popular, reflejando la superficialidad de nuestra sociedad.

Y es que actualmente, la difusión masificada de información ha servido para homogeneizar los parámetros estéticos con los que se debe representar un grupo social específico, convirtiendo rasgos comunes en símbolos.

Cuando esta significación de lo estético se lleva a cabo comenzamos a interpretar rasgos como correctos o incorrectos según los encontremos agradables o desagradables. Por lo general solemos relacionar los rasgos agradables con un estatus más alto, mientras lo desagradable con un estatus más bajo. De esta manera podemos comenzar a discriminar espacios, personas y discursos, a razón de qué tan bellos o feos los encontremos, sea esto por su contenido o su forma.

En El Salvador la estética es un privilegio. La ropa bonita, el cuidado personal, la educación de calidad y los modales, no son algo a lo que la mayor parte de la población tenga acceso, se debe a los costos que representan y el tiempo que se debe invertir en ellos.

La persona promedio viste jeans todos los días, tiene un par o dos de zapatos para diario, otro para ocasiones especiales, y otro más que no se pone. Cada día usa lo que está limpio, lo que no se vea tan desteñido, con lo que se sienta cómodo y que no le represente un peligro por la calle (de ser detenido si es hombre, o manoseada si se es mujer).

El cuidado personal casi siempre se limita al aseo, casi nunca hay tiempo para hacer ejercicio, ni dinero para comer sano, menos para tratamientos cosméticos. Y aunque en la calle abundan los tintes en el pelo y las uñas acrílicas, se nota también el desgaste y la falta de retoque, y con ello la limitación de los recursos.  

En cuanto a la dimensión social de la estética, representada por la cultura, sabemos que la educación en nuestro país no es la que mejor la fomenta; y que los medios de entretenimiento premian la vulgaridad.

Entonces tenemos personas con un lenguaje pobre, colmado de caliche y humor vulgar.  Por todas estas razones podríamos decir que el salvadoreño promedio, es anti estético, física y culturalmente. Y a pesar de esto, mantiene en su mente la idea de que lo bello es lo correcto, porque eso hemos aprendido.

Por eso en nuestra sociedad, occidental y posmoderna, lo estético se ha convertido en un elemento político. Si no, detengámonos a ver cómo el actual presidente Nayib Bukele, comenzó a ganar aprobación, ocupando como herramienta a su favor la estética. En general, sus proyectos tienen a favor que son llamativos porque suenan bonitos, y quedan bonitos.

Su propuesta insignia para el desarrollo económico, ha sido el turismo, lo que representa generar espacios agradables, bonitos físicamente. Y eso a la gente le interesó. Ya vimos la gentrificación (proceso de transformación), del centro histórico, que ha sido aplaudida por muchos y pareciera que en su gobierno eso es lo que debemos esperar que pase con el país.

Pero no solo sus proyectos han sido estéticos, también los símbolos que ha adoptado, como la golondrina, un pájaro que en los últimos años ha sido parte de la cultura popular y encontramos comúnmente en tatuajes como representación de la libertad. También sus discursos, que dicen lo que la gente ha querido escuchar, en lenguaje coloquial. A la gente todo esto le parece chévere, bonito, le parece correcto y por eso el señor Bukele se abrió camino en la política hasta llegar a donde está ahora.  

En contraposición tenemos por ejemplo a una feminista. La mera palabra ya tiene una connotación anti estética, fea y nos encontramos con la idea de una mujer masculina, violenta, lesbiana y otro montón de cosas “feas”. Bajo este prejuicio la gente tiende a deslegitimar la lucha política del feminismo, tanto hombres como mujeres, estas últimas, aterradas con la idea de contagiarse de la fealdad, se mantienen al margen sin entender que en la actualidad el feminismo busca la igualdad de derechos económicos, sociales y culturales para la mujer.

Lo estético es político. Y lo antiestético se ha convertido en un delito que, incluso puede llevar a la cárcel a muchos jóvenes, que por su forma de verse son incriminados y discriminados. Porque se les ve la pobreza en los tenis sucios, en las gorras, en las camisetas representativas de su cultura vulgar, a la vez que al hablar se nota la pobreza de su mente mal nutrida.

Y si corren con la mala suerte de vivir en una zona peligrosa, con más seguridad se les tacha de maleantes, también su trabajo es en la calle.   Es la misma historia con las mujeres “feas”, pero a ellas no las meten presas en cárceles por ser antiestéticas, si no que se les ignora,  se les intenta aislar socialmente y se les victimiza si les pasa algo malo, si son sexualmente abusadas no se les cree, si son acosadas se les ridiculiza, y se les trata de putas, de marimachas, de tontas y locas. 

Otro ejemplo son las personas de la comunidad LGTBIQ que por ser “raras”, “anormales” y por lo tanto “feas”, son constantemente blanco de agresiones y ridiculizaciones.  Entonces la estética parece también convertirse en una norma moral, en valor político, e incluso en una garantía de derechos.

Sabiendo todo esto, queda la pregunta ¿El hábito hace al monje o es que el ambiente hostil orilla a las personas a actuar de forma estereotipada?

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