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La envidia y el cerebro del envidioso



Por: Luis Medina

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La envidia y el cerebro del envidioso

Si le molesta que promocionen o le suban el sueldo a una compañera de trabajo; si sufre porque a un colega le dan un premio o le aceptan un importante proyecto; si le inquieta que su compañero tenga una pareja guapa y atractiva; si le ocurre alguna de esas situaciones y otras parecidas, es muy posible que usted tenga envidia, envidia pura y dura.

La envidia benigna, la que solemos considerar sana, al igual que la admiración, puede motivar a mejorarse a uno mismo, pero la envidia maligna se relaciona con la deshonestidad y con la conducta inmoral, y a lo que tiende siempre es a derrotar y a hacer caer al envidiado.

Cuando envidiamos, tratamos de convencernos a nosotros mismos de que no es tanto lo que tiene el envidiado, es decir, tratamos de infravalorar sus logros o su éxito.

“En realidad su trabajo no es tan bueno, pues los hay mejores”, o “no es tan inteligente como parece”, dice el envidioso,

Podemos también quejarnos, hipócritamente, de que el envidiado lo que vende es humo, cuando lo que en verdad no nos gustaría es que venda fuego.

Otro recurso habitual consiste en afirmar ventajas extras que el envidiado ha tenido para conseguir su éxito. Es decir, por ejemplo, cuando insistimos en que el puesto de trabajo ha sido conseguido mediante influencias o “enchufes”.

También podemos buscar desventajas o futuros fracasos en el envidiado, que amorticen sus logros o aciertos. “Su novio es muy guapo, pero también muy tonto”.

Cómo combatir la envidia

No deberíamos conceder demasiada credibilidad a quien afirme que nunca ha sentido envidia, pues estamos hablando de un sentimiento muy arraigado en la naturaleza humana.

Una adecuada información y educación desde la infancia sobre la envidia y sus negativas y dolorosas consecuencias, debería ser una buena manera de empezar a combatirla. Pero una vez instaurada no es fácil poder con ella, aunque siempre valdrá la pena intentarlo para evitar el daño que produce.

Podemos, intentar, evitar hablar mal del envidiado, o hacerle cualquier tipo de daño, como negarle cosas, marginarlo, difamarlo, ofenderle o maltratarle psíquica o físicamente. Siempre podremos evitar la hostilidad hacia el envidiado.

Pero eso, ¿cómo se consigue? Puede haber diversos modos, y uno de ellos especialmente eficaz consiste en hacer un esfuerzo, para razonar sobre el envidiado y sus éxitos o prebendas de un modo positivo. Quizá lo que tiene lo ganó con esfuerzo y dedicación y sin ningún deseo de perjudicarnos.

No solemos hacerlo, porque casi nunca razonamos sobre aquello que detestamos y el envidiado, casi siempre suele acabar convirtiéndose en un ser detestable, aunque nunca lleguemos a manifestarlo de un modo explícito.



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