“Los pecados de la carne no son los más graves”, dice el Papa

Redacción: Guillermo Serrano

#ElPuebloSV

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“Los pecados de la carne no son los más graves”, dice el Papa

La cuestión del pecado es un tema candente (y no estoy haciendo uso de la ironía aquí…), porque las religiones -todas ellas- dicen y condenan los actos contra “la moral” o que van contra lo que ellas, las religiones, enseñan.

Sin embargo, ha sido el Papa, quien como jefe de la Iglesia Católica Romana ha sorprendido con un comentario acerca de la renuncia de uno de los suyos y con un alto cargo en la jerarquía eclesiástica francesa. Sí, sorprendió, además, comentando los detalles de la fulminante dimisión el pasado jueves del arzobispo de París, Michel Aupetit, a quien defendió asegurando que se trataba más bien de un tema reputacional y revelando que había practicado solo “pequeños masajes y caricias” a su secretaria. “Los pecados de la carne no son los más graves”.

En principio, nosotros estamos de acuerdo con esta afirmación. Porque hay otros pecados: el racismo, el clasismo, la codicia personal y de los grandes conglomerados económicos, el crimen organizado, el narcotráfico que envenena la psiquis y la vida de millones de personas, las dictaduras políticas que eliminan la libertad de personas y países a vista y paciencia de la comunidad mundial, el armamentismo que se gasta cientos de miles de millones de moneda dura para matar también a millones de seres humanos y podríamos seguir enumerando muchos pecados más.

Pero, Francisco, papa del catolicismo, aunque podríamos hacer un poco “la vista gorda, ante los avances del cardenal Aupetit, no podemos hacer lo mismo con los pecados de la carne que atentan contra mujeres indefensas o peor aún, contra niños que no saben de las aberraciones carnales de adultos y entre ellos, sacerdotes, quienes con su voto de celibato, descubren que no pueden dominar lo que los periodistas catalogan como “bajos instintos” y que en el caso de Francia solamente llega a ¡la abismante cifra de 300 mil casos de abusos!

Tenemos que ser justos, Francisco, y decir también que entre ministros, pastores, evangelistas y clérigos del protestantismo también nos encontramos con estos pecados de la carne que no podemos tirar bajo la alfombra.

Los pecados los califican las religiones, y en el caso concreto del cristianismo están normados en la Biblia. Allí se habla de los populares 7 pecados capitales y que merecen la condenación de la divinidad misma. Fue la misma iglesia católica romana que usted preside, la que los agrupó en sus catecismos: la ira, la gula, la soberbia, la lujuria, la pereza, la avaricia y la envidia.

Entonces, no son algo sin importancia, si es que vamos a tomar en serio lo que se ha dicho y afirmado en concilios y encíclicas que sus antecesores han lanzado al mundo para ser conocidas, enseñadas y obedecidas.

Nosotros entendemos, Francisco, que usted, a veces habla como otro ser humano y no ex cathedra, (desde el trono papal), así que no lo vamos a tomar muy en serio esta vez. Pero sí nos obligamos a reflexionar acerca de cómo dominar, no solo la carne de la que estamos hechos, sino también nuestra mente, que, a veces corre desbocada contra la razón o la moral. Para ello, repetimos con los discípulos de Jesús: “Señor, ayuda mi incredulidad”. 

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